El Tambor de Oro.


Este restaurante peruano se alza sobre una estrecha calle de San Francisco. A primera vista da la impresión de que se trata de un restaurante chico pero no es así. Yo cambiaría el letrero y le quitaría los foquitos de navidad que aún, en pleno abril, encienden.

De tomar pedimos la clásica chicha de maíz morado, rica y fría, aparte de las tradicionales Inca Cola. Las entradas fueron varias, un ceviche de corvina, fresco y con mucho sabor aunque el camote brilló por su ausencia. La palta rellena de camarones estuvo sublime después de corregirla con un poco de sal. Continuamos con unos choritos a la chalaca que dejaron mucho que desear, ya que el tamaño no era el esperado y la sazón extremadamente pobre. Un toque de limón los hubiera salvado.

De plato fuerte pedimos un picante de camarones y un chupe de langostinos. El picante de camarones tuvo que ser cambiado a uno de langostinos porque los camarones se terminaron "de la nada", pero valió la pena. Los langostinos vinieron en su punto envueltos en la tradicional salsa de picante y con papas acompañado con su respectivo arroz blanco.

El chupe de langostinos estuvo increíble, cremoso, con un toque de orégano que se me quedó en el paladar y lo más importante, con bastante langostinos. Postre no pedimos porque simplemente no podíamos con nuestras vidas.

Calificación: * * * * Bueno.

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