Ginza. Debut y Despedida.

Desde el momento en que nuestro Presidente nos dijo: "vayan a Ginza", con ese tono autoritario que lo caracteriza, supe que las cosas no iban a estar bien.  Y efectivamente así fue.  Confieso que era la primera vez que iba a Ginza, al igual que mi Rtd favorita.  Llegamos allí con una sola referencia: caro.

Nos sentamos en una clásica mesa de Teppanyaki con 2 desconocidos, vimos el menú y sí señores, Ginza es caro.  Pedimos cada uno un Especial Combinación #1 que costó $29 dólares cada uno más un Arroz Imperial, mejor dicho, una tacita de arroz frito que costó $5 dólares.

Dicho Especial empezó con una sopa de vegetales con maíz sin la más mínima gracia y con dos rebanadas de pan flauta con mantequilla que tuvieron la decencia de pasar por la plancha.  Esto no era más que un aviso: si vienes con hambre llénate de pan porque de lo contrario...

Le siguió una ensalada de lechuga iceberg con tomate y pepino donde lo único memorable fue las dos cucharadas soperas de vinagreta que la joven me sirvió.

Después de las dos desastrosas "entradas" le tocó el turno al teppanyaki que empezó cortándole 3 camarones jumbo a cada uno que sasonó con sal, pimienta y mantequilla, seguido de un filetito de pescado mínimo que sólo tenía limón.  En ese momento la tacita de Arroz Imperial apareció, chiquita, cual juego de té.  Todo iba a una velocidad sorprendente, al chef no le importaba si todavía tenías los 3 camarones en el plato y te servía el filete de carne de res y de cerdo uno encima del otro, que por cierto solo tenían sal, pimienta y salsa de soya.

Luego de "encaramarte" una carne encima de la otra, apagó su plancha, dijo gracias y se marchó tras la mirada atónita de este servidor. Ya? sólo atiné a decir.

Nuestra visita a Ginza fue un debut y una despedida.  Fue un abrir y cerrar de ojos ya que sólo estuvimos allí no más de 35 minutos, creo que he demorado más tiempo comiendo en un McDonald's.  Para variar la joven fue retirando copa de agua, platos, cubiertos...todo.  No quedó más que pedir la cuenta, astronómica por cierto.

Definitivamente uno no va a un teppanyaki buscando sabor, ya que a sabiendas allí todo es sano y sin muchas pretenciones pero lo que si esperas es comer hasta sentirte satisfecho.

Calificación: * * * Regular

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