Especial: Dear New York...

Rockefeller Center, New York City, NY
Hace más frío de lo normal, lo árboles batallan por conservar un par de hojas que soportaron diciembre y hay grandes descuentos por doquier.  Febrero es un mes espectacular para visitar Nueva York, si te gusta el frío por supuesto.  En esta época dan ganas de hacer todo tipo de cursilerías tradicionales: patinar en The Wollman Rink, hacer un tour por el Radio City Music Hall y ojear las vitrinas de la 5ta. Avenida.

Los que me conocen saben la obsesión que tengo con la Gran Manzana, es sin duda mi ciudad favorita.  Justo un año atrás la visité con la Adorada y esta vez se nos unieron dos grandes amigos.  Por supuesto Freddo aprovechó este viaje para ponernos a trabajar en lo que nos gusta: comer y reseñar. 
La Variedad de Starbucks.
El Radisson Lexington, hotel que usamos cuando vamos a Nueva York, tiene un Starbucks en la planta baja, así que  todos los días el Caramel Mocchiato era obligatorio. 


Jugos, emparedados, parfaits, postres, ensaladas, todo ready to go.  Ideal para la agitada vida en New York City.


Pizza Callejera.
En New York abunda la pizza y no sólo la hacen los descendientes italianos.  Esta pizzería a la que fuimos sobre la 49th y Park Avenue no decía nada por fuera, pero su pizza decía mucho.  De dueños argentinos, las vendían por slice y tenían de todos los sabores.


Una sencillita de tomates, albahaca y queso, la tradicional Margarita, la Hawaiiana, todas deliciosas.  Lo destacado: la masa. Delgada y crujiente.  El combo de un slice y una soda cuesta $4.  Ideal para un "tente en pie" mientras recorres Midtown.

Por la acera del Waldorf.
En plena Lexington Ave. con la 50th. se encuentra The National.  A este restaurante le había puesto el ojo desde el año pasado, siempre se veía repleto tanto para el desayuno,  almuerzo y cena.


Cuando salimos a desayunar esa mañana aprovechamos para hacer la reservación para esa noche a las 8.  En ese momento nos enteramos que el chef es nada menos y nada mas que Geoffrey Zakarian, Iron Chef y jurado de Chopped.  Definitivamente teníamos que ir.

Ninguno de los cuatro le prestó la más mímima atención a los precios del menú que se muestran abiertamente en la calle.  La sorpresa vendría en la noche.

Los precios no eran exhorbitantes ni mucho menos, lo que sucede que para esa parte del trip gastarse $32 en una entrada no resultaba divertido.  Yo disfruté un pulpo al carbón aderezado en una salsa de eneldo que estaba deliciosa, el resto se dividió entre una chicken noodle soup y ensalada.

Salimos del The National, donde recibimos un trato fatal por parte del mesero y nos fuimos caminando por la acera del Waldorf Astoria y nos encontramos con uno de los tantos carritos de hot dog y gyros que abundan las calles de New York.  Hacía -2C pero allí estábamos pidiendo nuestro respectivo "repello" después de nuestra amarga experiencia en The National.

Yo me fuí por un gyro que estaba espectacular, a pesar del frío que hacía llego calentito al hotel.  Todo hecho en el momento.


La Adorada pidió un chilidog pensando que serían como a los que estamos acostumbrados.  Para sorpresa, ellos le dicen chilidog a la salchicha picante.  Igual estaba delicioso.


Lo que si no me gusto en lo absoluto fue el shish kebab que resultó estar crudo.  Así mismo lo dejé, no podía arriesgarme a tener una intoxicación.

Desayunando en NYC.
El momento del desayuno era la parte más divertida.  Frente a nuestro hotel se encuentra Longwood Gourmet, uno de los tantos restaurantes que te vende comida por peso a toda hora.  Comida variada y deliciosa para todos los gustos.



Los desayunos son bastos y deliciosos.  Otra opción que teníamos cerca era el Metro Café.  Allí pueden disfrutar de una aplia gama de desayunos.  Pancakes, omeletts y toda clase de emparedados.  El café no era el mejor, pero un Starbucks solucionaba el problema.

Comiendo en Little Italy.
Si quieren comer una excelente comida italiana el mejor lugar es La Mela en Little Italy.  Esta es la segunda vez que lo visito y siempre salgo más que satisfecho.

Este restaurante está sobre la calle Mulberry.  Les ha ido tan bien que han unido casi tres locales.  Adentro es todo un mundo y siempre está lleno; tuvimos que esperar casi 20 minutos para que nos asignaran una mesa.  La espera valdría la pena.



Primero nos trajeron una ensalada caprese, con un mozzarella de búfala recién hecho.  Luego vino los antipastos, uno de mis platos favoritos que contaba con setas rellenas, espárragos, queso mozzarella a la parrilla y pimentones cocinados en aceite de oliva y kalamatas.  El siguiente plato fue una selección de pastas con salsa pomodoro para acompañar la última estrella de la noche que traía una suave ternera con limón, pollo salvaje y langostinos en salsa pomodoro.

Sobró comida. Así como lo leen; éramos cuatro personas y sobró comida.  Las porciones son generosas y lo mejor que pagamos $24 por persona.  La sangría no será recordada ya que he probado mejores.


Cenando en Time Square.
Para poder cenar en Time Square hay que tener una sola cualidad: paciencia.  Allí las filas eran interminables; en Red Lobster demoraban 1 hora con 45 minutos en darnos una mesa, en Hard Rock 45 minutos, en Olive Garden la fila para averiguar el tiempo era tan larga que nos quedamos con las ganas de saber.

Esa noche Time Square era un hervidero de gente que subía y bajaba por Broadway, gente de todas partes haciendo de todo.

El único que nos prometió 25 minutos fue Ruby Tuesday y allí nos quedamos con un teléfono que nos dieron para avisarnos cuando nuestra mesa estaba lista.


Empezamos con un dip de alcachofas y espinacas delicioso que venía acompañado de una variedad de chips.  Yo me fuí por una Lobster Carbonara, mientras que el resto pidió hamburguesas y Baby Back Ribs acompañadas de Mac&Cheese, brócoli, puré y papas fritas.  Este lugar es un All American Dinner.



Y así terminamos nuestro recorrido por NYC durante la época de carnavales.  Mientras muchos de nuestros queridos lectores estaban bajo el sol y entonando el "agua, agua" nosotros estábamos disfrutando de una ciudad que nunca duerme y de la cual nunca nos cansamos.


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